10 de octubre de 2015

“TRABAJO DECENTE”. ( Parte III). ¿Por qué se producen las crisis capitalistas?



¿Por qué se producen las crisis capitalistas?

Los datos macroeconómicos de la economía mundial muestran que para la inmensa mayoría de la humanidad, nunca ha existido nada semejante a lo que algunos conocen como “Estado de Bienestar”. Desde que existe el capitalismo el único estado conocido por millones de seres humanos ha sido el del “malestar” más absoluto y permanente que se pueda imaginar. Es más, en los escasos países que se beneficiaron de ese auge de crecimiento económico, solo una pequeñísima parte de esos  colosales beneficios  arrancados por la burguesía a las masas trabajadoras  fueron a  realizar ciertas reformas sociales. En realidad, la riqueza y el poder se concentraban cada vez más firmemente en menos manos y las diferencias entre ricos y pobres aumentaban y lo siguen haciendo.

El Estado intervenía en la economía pero lo hacía para mantener el capitalismo, las empresas públicas eran utilizadas para ofrecer bienes y servicios a buen precio a los empresarios privados, lo que muchas veces les hacía perder dinero en beneficio de la privada cargando los déficit, desfalcos y robos a las espaldas del contribuyente; cuando el sistema entró en crisis, las deudas de éstas se utilizaron como excusa para cerrarlas y privatizarlas, porque les interesaba a los capitalistas, para eliminar competencias y acumular riquezas, u ocultar las bancarrotas bancarias.

Las políticas y presupuestos educativos, sanitarios, culturales, etc, se seguían elaborando, en última instancia, en función de los intereses de los capitalistas, aunque en ocasiones, la presión popular obligase a introducir avances.  Qué decir de los gobiernos y parlamentos, o de los cuerpos del Estado dedicados a la represión (policía, ejército, tribunales).  Cada vez que la juventud y la clase trabajadora querían ir más allá de lo que los capitalistas estaban dispuestos a conceder, estas instituciones eran utilizadas contra ellos represivamente.

La indignación contra la injusticia, hipocresía y falsedad del sistema capitalista no dejó de provocar luchas e incluso revoluciones, como el Mayo del 68 francés, en el que no solo participaron los estudiantes, sino que 10 millones de trabajadores tomaron las fábricas y practicaron durante unos meses el control de la producción, el transporte y la distribución de mercancías.  Una insurrección  cuyo influjo posteriormente se extendió a otros países europeos, sobre todo a Italia y estimuló nuevos movimientos revolucionarios en los años 70, como la Revolución de los Claveles en Portugal, o el inicio de la Revolución contra el franquismo, cuando tras el auge previo  vino una de las peores crisis del capitalismo,  llamada la crisis del Petróleo del 73/74.

Así funciona este sistema. Cuando el capital tiene beneficios no podemos pedir mucho porque los capitalistas tienen que mantener sus ganancias  y si éstas disminuyen, entonces no invierten lo suficiente frenando la economía y acelerando la llegada de la crisis.  Los salarios se estancan y los empresarios intensifican su campaña de que “primero hay que producir más riqueza para luego repartir”. Que ya vendrá tiempos mejores en los que ellos mismos, con su “enorme generosidad”, nos darán lo que precisemos sin necesidad de reclamarlo por lo que ahora toca “apretarse el cinturón”. Pero esos tiempos nunca llegan y, cuando la crisis arremete de verdad, los trabajadores somos los primeros en sufrir las consecuencias. Entonces, como bajan los beneficios, los trabajadores y nuestras familias tenemos que seguir dándonos apretones de cinturón para que la economía vuelva a repuntar.

Lo que ocurre es que, debido a su propio funcionamiento, el sistema capitalista, además de ser injusto socialmente, siempre acaba entrando en crisis peores y más profundas cada vez.  Las perspectivas actuales en que estamos inmersos en momentos de cambios bruscos y repentinos que se están dando en la economía y en la toma  de conciencia de las masas,  presagian una agudización del enfrentamiento en líneas de clase.

El capitalismo se basa en la búsqueda del máximo beneficio individual por parte de cada capitalista y en la propiedad privada de los medios de producción, es decir, la riqueza que se crea con el trabajo de la mayoría de la población y los medios necesarios para llevarla a cabo, como maquinaria, instalaciones y otros recursos, no pertenecen  socialmente a toda la población, para poder decidir democráticamente cómo emplearlas en función de las necesidades de la humanidad, sino que es propiedad de un reducido grupo de individuos que solamente la ponen en marcha si les proporciona unas ganancias superior al capital previamente invertido. 

La ganancia del capitalista es resultado de una expoliación: es tiempo de trabajo que no se le paga al asalariado. Si un trabajador, obrero manual o intelectual, recibiera el producto íntegro de sus 8, 10, 12 o 14 horas de trabajo, el empresario no ganaría nada.  Por ello introducen máquinas que hagan producir más  al trabajador en menos, intentan alargar la jornada laboral o sustituyen mano de obra que les cuesta más cara, y está mejor organizada para defenderse, por otra a la que poder explotar mejor, pagarle menos salario y de la que extraer más beneficios.

Esto provoca dos cosas: a) la crisis inevitable del sistema y b) que los intereses de estas dos clases, (capitalistas y obreros), sean opuestos en todo momento, llevando, especialmente cuando la crisis se hace evidente, a enfrentamientos decisivos.

La crisis se produce antes o después porque los capitalistas, para aumentar sus beneficios, recurren a todas las medidas a su alcance. Pero los trabajadores no solo son los que producen, también son, junto a otros sectores menos numerosos, como pequeños comerciantes, campesinos, etc, el grueso de los consumidores.

Si el valor de lo que ha producido cada asalariado no revierte a él íntegramente, es imposible que todos los trabajadores puedan consumir todo lo que se ha producido.  (La “oferta global”, el precio  de las mercancías y servicios puestas en el mercado es superior al dinero en las manos de los consumidores, es decir la “demanda global”).  Esta contradicción puede tardar más o menos tiempo en salir a la superficie, gracias al crédito y a otros mecanismos, pero tarde o temprano lo hace y provoca una lucha entre los capitalistas individuales por los mercados ya que hay demasiada producción para el mercado que existe; a esto se le llama crisis de sobreproducción o subconsumo, porque sobrando producción la escasez de dinero en manos de los trabajadores impiden el consumo y avanza la miseria.

Cada capitalista intenta vender más y a menor coste pero eso, manteniendo los beneficios, significa más ataques a los derechos de los trabajadores; es la pescadilla que se muerde la cola: nueva sustitución de mano de obra más costosa por otra más flexible y barata, nuevos despidos para introducir más tecnología, etc. Esto ayuda a un capitalista o grupo de capitalistas a recuperar sus beneficios inicialmente, pero agrava la crisis del sistema al cabo de un tiempo, pues sigue habiendo cada vez más capacidad para producir y menos capacidad para dar salida a todos los productos. Asimismo, aunque sigue la controversia en esta cuestión, la Ley Tendencial a la Caída de la Tasa de Ganancia, sique operando,(a veces lenta e imperceptiblemente y otras se acelera con las crisis)  profundizándose la contradicción por el encarecimiento de la instalación de los nuevos descubrimientos técnicos en la industria y los servicios, que abre la brecha entre el Capital Constante y el Capital Variable, perjudicando gravemente la amortización de las nuevas instalaciones de las técnicas aplicadas.

La introducción de tecnología en todo el mundo está suponiendo un aumento enorme de la capacidad productiva y despidos masivos de trabajadores. Ello hace que la lucha por los mercados entre los distintos capitalistas, ahora en una lucha inter-imperialista descarnada, sea cada vez más dura y violenta.  Antes o después nuevas crisis sobrevendrán, reducirán la inversión e intentarán cargar el peso de la caída de sus beneficios sobre la clase trabajadora en forma de nuevos y aún más duros ataques, como siempre han hecho, si la clase trabajadora no lucha por frenarlo o evitarlo.

En la actualidad, el 95 % de las inversiones son de carácter especulativo, no producen nada concreto ni crean riqueza real, son exclusivamente movimientos en la bolsa, que drenan parte de la riqueza ya creada.  Incluso en momentos de auge económico, como el vivido últimamente antes del 2007/08, cuando los beneficios aumentaron y creció la producción, los capitalistas no podían utilizar toda la capacidad productiva instalada cuyo índice estaba en un 68 %,  aunque las necesidades sociales seguían insatisfechas.  En estos momentos, después de la crisis, la recesión  y el intento de recuperación, la situación de los indicadores como la FBCF (Formación Bruta de Capital Fijo), que indican los puestos de trabajo que se van a crear en el próximo futuro, como la utilización de la capacidad productiva instalada, siguen estando por los suelos.

Por otra parte, sigue el debate abierto sobre el cambio climático y los efectos nocivos de la acción  devastadora de la contaminación, cuyas consecuencias se han convertido en un grave peligro para el género humano, poniendo en evidencia la situación de deterioro que la depredación del sistema capitalista está abocando a la humanidad. La causa fundamental de estos problemas del Medio Ambiente se ven agravados porque tienen como causa fundamental,  el control de la economía mundial por un puñado de grandes monopolios, que bajo el prisma del lucro privado del sistema capitalista, anteponen los intereses de una minoría de archimillonarios a las vidas de los trabajadores y de la especie humana en general.

Esto demuestra que existen dos contradicciones insalvables bajo este agónico sistema imperialista, como son, la propiedad privada de los grandes medios de producción y las fronteras nacionales que impiden el desarrollo armonioso de las fuerzas productivas y el bienestar de las personas.  El empeoramiento de las  condiciones de vida de la población mundial es patente, sobre todo, en las poblaciones empobrecidas por la rapiña del capitalismo, sus guerras y las oleadas de refugiados e migrantes que producen,  profundizadas por la situación de tensión que lanza a la pobreza y al hambre a millones de seres humanos,  una situación de degradación del medio natural, con la contaminación de los mares y ríos que afectan a los recursos hidrográficos, la amenaza nuclear, las emisiones descontroladas de CO2, la deforestación y destrucción consciente de bosques, unido a la utilización constante de pesticidas y contaminantes en la producción agrícola, están llevando a la humanidad al borde de su desaparición como especie y al padecimiento de terribles hambrunas.

El motor de la actividad económica bajo el capitalismo, que es la lucha por el máximo beneficio para unos pocos, en detrimento de la mayoría de la población, se ha convertido ya en una amenaza muy peligrosa contra la salud de la humanidad y contra la propia naturaleza. Accidentes nucleares y otras catástrofes ecológicas ponen de manifiesto que la naturaleza del capitalismo es cada vez más peligrosa para los habitantes del planeta Tierra. Por tanto, para los partidos y sindicatos de izquierdas, la integración de las problemáticas medioambientales, así como a las que conciernen a la planificación de la producción agraria, de la que depende nuestra alimentación, cuyo objetivo debiera ser atender las necesidades nutricionales de los habitantes del planeta, resulta una prioridad cada vez más urgente e imprescindible, vistas las tendencias que el Capitalismo imperialista está desarrollando en este periodo de semi-estancamiento en el que ha quedado anclado el modelo actual.

El modelo capitalista sigue su fase crítica descendente, habiéndose visto obligado el FMI a revisar a la baja el crecimiento mundial del PIB en 2 décimas hasta el 3,6 %. Los países emergentes han ralentizado su crecimiento.  China no alcanzará el crecimiento previsto de  7 % que necesita,  ya que perderá medio punto, quedándose en el 6,8 % PIB este año y bajando la previsión al 6,3 % en 2016.  Para la U.E. hay previsto un raquítico crecimiento del  2,2 %, que profundizará las desigualdades y tensiones entre la Zona Norte y la Zona Sur de Europa;  y para EEUU al que les pronostican un crecimiento del 2 % en su PIB para 2016, la situación tampoco está muy clara, enfrascado en todos los conflictos bélicos y con tensiones con Rusia y China, que podrían provocar guerras comerciales , pese a su intento de poner en marcha el TPP  en el Pacifico y el TTIP en Europa, que están siendo muy cuestionados, creando fricciones entre los bloques en litigio. Todo eso hará totalmente inviable una recuperación sólida en el corto plazo. Y aquí se plantea la gran cuestión:  ¿Existe alguna alternativa a esta grave situación de semi-estancamiento? Abordaremos la cuestión en el siguiente apartado que titulamos “Buscando una alternativa Democrática, Solidaria y Socialista”.
(…CONTINUARÁ…)

AREA DE COMUNICACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A
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