4 de julio de 2011

¡NO A LA DROGA! ¡LA DROGA MATA, EL CAPITALISMO REMATA¡

Hay que luchar contra los responsables del narcotráfico, no contra sus víctimas. La burguesía utiliza la droga y el alcohol contra la participación consciente de los jóvenes en la lucha por sus derechos. Esto no es una frase grandilocuente o exagerada. En realidad miles de jóvenes ven como su vida se convierte en una pesadilla al caer en la droga y otros muchos son condenados a un ocio vacío y embrutecedor.

La droga, una lacra social.-

Los socialistas marxistas estamos contra la droga no por motivos morales sino políticos. Alguno dirá que exageramos, que vemos este aspecto de manera demagógica, que caemos en actitudes panfletarias... sin embargo, la historia nos brinda bastantes ejemplos de lo que decimos. La CIA inundó de heroína durante los años 60 y 70 los guetos negros de las grandes ciudades americanas para desmovilizar a la juventud y destruir el movimiento de los Panteras Negras. En muchas zonas del Estado español la policía consintió y potenció la penetración de la droga durante los años 70 como forma de desviar a la juventud de la lucha contra el franquismo y el capitalismo. En el caso de Euskadi esto ha sido reconocido ampliamente. De hecho, a principios de los ochenta se disparó el consumo de drogas, como expresión y consecuencia de la desilusión y frustración de miles de jóvenes ante la oportunidad perdida de cambiar la sociedad que supuso lo que se conoce como transición. Un fenómeno similar ha ocurrido entre sectores de la juventud negra sudafricana tras el fin del apartheid. Al ver como su lucha se había quedado a medias y sus condiciones de vida seguían siendo infernales, fenómenos como la droga han aparecido con fuerza.

Para los marxistas la droga no es una cuestión individual: es un problema social que se ceba en los barrios obreros, que afecta a la lucha contra el capitalismo y que, como todo en esta sociedad, no afecta por igual a una clase social que a otra.

El consumo de drogas hunde sus raíces en las insoportables condiciones de existencia que padecemos millones de personas bajo el capitalismo. El desempleo entre la juventud, la explotación salvaje en el trabajo, el futuro negro que se abre ante nosotros, el fracaso escolar, la presión de la economía de consumo, el derrumbe familiar, etc. son los elementos que crean el ambiente para la extensión de la droga entre los jóvenes como una forma de evasión de esa realidad.

Por eso lacras como la heroína, o las drogas llamadas de diseño, muy accesibles, se ceban en los barrios periféricos de las grandes ciudades o en zonas como las comarcas mineras, sometidas a procesos de desindustrialización. El problema de la droga lo es para las familias trabajadoras, no para el niño de papá que si se “engancha” va a tener a su disposición todo tipo de medios para salir de esa pesadilla.

Contra esta explicación del fenómeno se alzan miles de artículos y comentarios que reducen la cuestión a que la juventud española, que a diferencia de sus padres tiene todo hecho, es una juventud viciosa. Uno de los asesores del Plan Nacional sobre Drogas no se recata en afirmar que "el consumo va directamente ligado a la diversión, mientras que años atrás, la droga era la excusa para huir de los problemas del mundo”. Es cierto que ha aumentado el consumo de drogas vinculado al ocio del fin de semana.
España es el tercer país en el ranking del consumo de droga en Europa, sólo superado por Reino Unido y República Checa, según un informe elaborado por el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT). El documento expone que el consumo de estupefacientes ha abandonado su carácter “tradicionalmente juvenil”, y afecta también, cada vez en mayor medida, a personas de más de 40 años. La mayor parte de los adictos a la droga de más de 40 años en fase de tratamiento lo hacen por tomas opiáceos (65%), sobre todo heroína, seguidos por los que toman cocaína (17%), cannabis y otras sustancias 88%) y estimulantes (4%).
Los sesudos analistas que hacen estas encuestas, las utilizan para echarnos los datos a la cara y escandalizarse sobre nuestra supuesta pérdida de “valores”. Este tipo de campañas que se repiten regularmente son utilizadas por los sectores más reaccionarios para exigir mano dura y una vuelta a los valores más reaccionarios del pasado.

Pero estos piadosos moralistas son los mismos que defienden los contratos basura, la especulación inmobiliaria o las guerras imperialistas contra Iraq, Afganistán o Libia. Estos defensores de la “cultura del esfuerzo” nunca dicen que en esta sociedad la juventud no sólo es explotada en su lugar de trabajo sino también en sus horas libres. A los jóvenes no nos queda más remedio, en este sistema, que aceptar las reglas que los empresarios imponen en nuestro ocio. Este también se rige por la búsqueda del máximo beneficio y, como no, por el control ideológico: es un ocio destructivo orientado a imposibilitar el desarrollo de jóvenes con una actitud crítica ante los problemas de la sociedad.


El estado burgués y los capitalistas, cómplices de esta lacra.-

Continuamente los medios de comunicación quieren convencernos de que la policía y el Estado son los paladines de la ducha contra la droga. La realidad es que el tráfico de drogas es un impresionante negocio que mueve según estimaciones conservadoras, más de 400.000 millones de euros al año (cerca del equivalente al 10% del total del comercio mundial, y más que el negocio del turismo internacional). Es absolutamente imposible que un negocio de este volumen se haga a espaldas de los distintos gobiernos capitalistas. En primer lugar, hay que denunciar que ha sido la política del imperialismo la que ha empujado a miles de campesinos a la producción de droga. Las políticas de ajuste salvaje en países como Colombia, Perú o Bolivia, o la bajada del precio de materias primas como el café llevan, directamente, a que miles de familias campesinas vean más rentable el cultivo de droga. Marruecos obtiene por la venta de hachís una cantidad de divisas similar a la de todas sus exportaciones agrícolas legales.

Indudablemente los negocios legales e ilegales están plenamente interconectados. Las mafias invierten en empresas legales y, a la vez, desde éstas se canalizan recursos financieros hacia la economía criminal, tomando el control de bancos y empresas dedicadas al blanqueo de dinero.

La gran banca internacional está implicada hasta las cejas en este negocio que deja suculentos beneficios. En un informe redactado por James Petras, citando fuentes oficiales, se da la cifra completa de dinero negro (dinero blanqueado de origen corrupto y delictivo) inyectado a las cajas fuertes de los bancos estadounidenses durante la década de los 90 que ascendería a unos 5,5 billones de dólares. Los bancos estadounidenses han desarrollado una amplia gama de métodos de transferencias de fondos ilegales hacia los EEUU, y toda la legislación americana contra el blanqueo de dinero ha sido incumplida sin grandes problemas. La complicidad entre el Estado y la Banca a la hora de desarrollar este tipo de negocios ilícitos es obvia. Por ejemplo, Citibank, que es el mayor banco de los EEUU, cuenta con más de 100.000 millones de dólares de depósitos de particulares en cuentas secretas, es decir, en cuentas destinadas a clientes inmensamente ricos a los que se les garantiza la más absoluta confidencialidad.

No hay que irse muy lejos en el Estado español para saber que este blanqueo de capitales esta detrás de numerosos proyectos comerciales e inmobiliarios, como ocurre en toda la Costa del Sol o la costa gaditana. La adquisición de sociedades estatales por parte del crimen organizado, a través de privatizaciones, es algo totalmente aceptado por la comunidad financiera internacional. Buena muestra de ello es la negativa sistemática a levantar el SECRETO BANCARIO, tras el que se oculta el blanqueo del dinero negro de los narcos. La explicación es el temor a las repercusiones que pueda tener en el funcionamiento del sistema financiero mundial.

No es algo nuevo la vinculación del aparato del Estado con las redes del narcotráfico: tres guardias civiles detenidos en Marbella con 2.350 kilos de hachís, la detención en Barbate de un guardia civil, un sargento de la armada y del jefe de Protección Civil del Ayuntamiento, el desmantelamiento de la Unidad Central de Investigación Fiscal y Antidroga debido a la implicación de los mandos de este cuerpo de la Guardia Civil en los delitos que debía perseguir, etc. Estos han sido titulares de prensa habituales en la última década. La profunda implicación del aparato del estado quedó en evidencia al publicarse en octubre de 1996 un informe del Servicio de Información de la Guardia Civil que vinculaba al general Rodríguez Galindo y sus agentes del cuartel de Intxaurrondo en actividades de contrabando y narcotráfico. La aprobación de la Ley Corcuera con la excusa de la lucha contra el narcotráfico se ha demostrado una falacia, esta ley ha sido utilizada contra los derechos democráticos de los trabajadores y sus organizaciones, no contra los responsables del narcotráfico.

A esto hay que añadir la actuación vergonzosa de la justicia burguesa, liberando reconocidos narcotraficantes como los del Caso Nécora en 1994, o las absoluciones del Clan del Peque en 1997, clan acusado de introducir cocaína procedente de Cali a través de las costas gallegas.

Mientras esto ocurre, la justicia se ceba con penas desorbitadas contra los toxicómanos desesperados, a los que su estancia en la cárcel no hace sino condenar al desastre aún más.
Esta situación que refleja el carácter clasista de la justicia burguesa es vista con indignación. Una encuesta de noviembre de 1998 señala como el 58% de los españoles cree que el drogadicto con delitos no debe ir a prisión sino ser tratado en centros adecuados, así mismo, un 85% considera que deberían elevarse las penas contra los traficantes.

Estos deseos una vez más chocan con la realidad. Sólo el 5% de los toxicómanos condenados disfruta de medidas alternativas a la prisión y la mayoría de jueces declara que las dificultades materiales con que se encuentran estos planes alternativos les empuja a optar por las condenas a prisión. De no hacerlo así no habría espacios, ni recursos para el tratamiento a estos toxicómanos.

Si en 1990 había en todo el estado 403 centros ambulatorios públicos para tratar a los drogadictos, esa cifra 10 años después sólo ha aumentado a unos pírricos 511. Además un 55% de los toxicómanos tratados sufren también graves problemas mentales, para los cuales no existe ningún tipo de tratamiento serio independiente. Como vemos, la represión del estado burgués no resuelve nada. Se ceba en las víctimas de la droga mientras tapa y protege a sus responsables.


¿Narcosalas, legalización... es la solución?

Mientras asistimos a la escandalosa falta de medios públicos para la atención al drogadicto, sectores del PP que tratan de pasar por progres intentan lavarse la cara en esta cuestión. Es el caso del actual alcalde del PP en Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que cuando era presidente de la CAM anunció a bombo y platillo la apertura de la primera narcosala de nuestro país, para que los heroinómanos tengan un sitio donde pincharse.

Consideramos de un cinismo inaceptable presentar estas narcosalas como un paso adelante o algo progresista. Simplemente el toxicómano va a poder pincharse en condiciones medianamente dignas, bajo atención médica, pero no por ello va a dejar de seguir muriéndose aunque sea lentamente, va a seguir comprando la droga a los mismos camellos y a vivir en condiciones degradadas de marginalidad. La filosofía de estas medidas caritativas parece ser la de que el drogadicto es un estorbo y mejor que no se le vea en público mientras se chuta.

Mientras Gallardón se llena la boca de progresismo y destina 600.000 euros a esta narcosala, la situación de los centros de desintoxicación es precaria. Lo que necesita un drogadicto no es un sitio para pincharse sino planes serios cubiertos por la sanidad pública para tratarse como lo que es, un enfermo que tiene cura.
Hoy muchos no tienen más remedio que recurrir a centros privados, a costa de la ruina familiar, que en la mayoría de los casos están manejados por sectas religiosas (como el próspero centro RETO) que a cambio de sacarte de la droga te introduce en la alienación del fundamentalismo religioso y convierte al drogadicto en mano de obra barata.

Desde diversos sectores se plantea como alternativa la legalización de las drogas. Sin duda la represión se ha demostrado una vía totalmente fracasada, sin embargo los argumentos en pro de la legalización son más que discutibles. Por un lado se suele argumentar que descendería la delincuencia, que la droga sería más pura y, por tanto, menos dañina y por último desde sectores que se denominan progresistas se apela al ejercicio de usar la libertad individual con argumentos del tipo “soy libre y con mi cuerpo hago lo que quiero”. Ninguna argumentación va a la raíz del asunto, ni lo considera como un problema social, sino individual. Ninguna se pregunta por las causas que empujan a desconectarse de la realidad.

El argumento de la libertad individual es de risa. Todos sabemos que el entorno en que vivimos nos condiciona enormemente. ¿Acaso el paro, la explotación o la marginación no empujan al mundo de las drogas? ¿Acaso decimos que un trabajador o un joven que se ve obligado por sus circunstancias familiares a trabajar en el primer empleo que se le ofrezca es verdaderamente “libre” para decir no a un contrato basura o a hacer horas extraordinarias que le “propone” el empresario, cuando está en juego la renovación de su contrato?

Es realmente utópico decir que la legalización permitiría una mayor atención sanitaria. Los mismos burgueses que llaman a la reducción de los gastos sociales y a privatizar la sanidad pública (el Estado español es el país de la UE que menos gasto por habitante dedica en sanidad), nos van ahora a decir que invertirían en salvar y sanar a los toxicómanos. Lo único que les importa de los drogadictos es que no manchen su “estética social” como hemos visto con las narcosalas. Además, las mafias siempre introducirían nuevas drogas en el mercado a un coste inferior, incluso, del que tendrían si se vendiesen legalmente. La droga es una mercancía y los narcos lo saben muy bien. Con la legalización, estos personajes se convertirían en “honrados empresarios” pero eso no evitaría ni las muerte de miles de jóvenes víctimas de las drogas ni la existencia de un negocio ilegal de drogas. ¿No es eso lo que ocurre con el tabaco de contrabando o con el alcohol de garrafón que se sirve en miles de discotecas todos los fines de semana?

La legalización no acabaría con el problema pero sí permitiría aumentar la cuenta de resultados de las nuevas multinacionales de la droga y obviamente facilitaría y ampliaría el consumo de estas sustancias, convirtiéndolas en socialmente aceptadas como lo es el alcohol. De esta manera se favorecería aún más el control embrutecedor y degradante del ocio por los capitalistas.

Por otro lado, explicar el aumento en el consumo de drogas y coca por las políticas prohibicionistas es sencillamente falso. Basta con saber que el alcohol es legal y está socialmente tolerado y eso no evita que cada año haya más alcohólicos. Es realmente la droga más destructiva, si bien sus efectos son más lentos. El inicio en la edad de consumo cada vez desciende a edades más tempranas. Si en 1995 su consumo provocaba 10.000 muertos anuales, en el 2000 la cifra alcanzo las 13.000. En los últimos treinta años se ha pasado de un 34% de abstemios a un 22% y de un 10% de bebedores de riesgo a un 17%. Vistos estos datos ¿puede alguien en su sano juicio argumentar que la legalización de las drogas disminuirá su consumo?

Ni la represión, ni la legalización resolverán el problema. Tenemos que defender nuestras reivindicaciones de un puesto de trabajo digno y bien remunerado, vivienda accesible y mejoras sociales además de un ocio alternativo sano y creativo en nuestros barrios. Comprendemos que mientras exista el capitalismo habrá jóvenes que se verán empujados a esta pesadilla, pero podemos y debemos luchar por:


• Expropiación de todos los bienes y fortuna de los narcos e inversión de los mismos en programas de rehabilitación, bajo control de organizaciones sindicales, de vecinos y familiares de afectados.

• Nacionalización de los bancos implicados en el blanqueo de dinero. No al secreto bancario.

• Expropiación de los negocios privados de atención al toxicómano.

• Por una red sanitaria pública y gratuita que cubra toda la demanda de asistencia al toxicómano.

• Atención especial fuera de la cárcel de los toxicómanos con delitos.

• Creación de comités para luchar contra la droga en todos los barrios afectados, integrados por vecinos, familiares de afectados, y organizaciones obreras. No podemos confiar solo en la policía para terminar con el tráfico de drogas.

• Planes de prevención serios en colegios e institutos, que expliquen las causas, efectos, beneficiados y perjudicados con las drogas y vayan más allá de las campañas oficiales simplistas que, en algunos casos, se limitan a recomendar un uso responsable de la droga.
• Por un ocio creativo: Cines, bibliotecas, casas de juventud, centros culturales en cada barrio públicos y gratuitos, con horario de apertura nocturno, donde los jóvenes podamos desarrollar actividades que fomentan nuestra creatividad, sin trabas burocráticas.

• Locales gratuitos para los jóvenes y sus organizaciones.

• El deporte al servicio de los jóvenes. Polideportivos en cada barrio, canchas de deporte y piscinas públicas y gratuitas.
¡¡LA DROGA MATA, Y EL CAPITALISMO REMATA¡¡

Fuente: Capítulo 7 de la revista UNA ALTERNATIVA MARXISTA A LOS PROBLEMAS DE LA JUVENTUD.
(Si estás interesado en más información, escríbenos a:
is-psoe.malaga@terra.es

1 comentario:

  1. . COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

    ResponderEliminar